Alargo mi mano en busca de horizontes perdidos,
a lo lejos ladraba el perro que acompañaba al hombre;
nadie supo nunca que mi mano quedó prendida del aire
cuando partieron ambos en el bus de la mañana.
La mirada se pierde, el horizonte desdibuja su raya,
marcando la distancia y ahora te aleja;
la calle está triste y en el bar un hombre canta.
No hay flores en este jardín, murieron hace poco
con la última tormenta. Y tú has dejado libre mi mano.
No pierdo el tiempo en lejanos prados yermos,
he de darme prisa pues el tiempo ha emprendido una carrera
en la que lleva las de ganar y él lo sabe.
No te quiero, te amo, vete, ven … La cajera me mira,
pensará que estoy loca, yo sé que mi locura es transitoria.
Mi mano tropezó con la tuya cuando ya estaba perdida.
Eso sucedió una mañana mucho antes de tu huida,
antes de que ladrara tu perro, nostálgico de mi ausencia,
cuando el horizonte se besaba con el cielo en el ocaso,
los días eran cortos para dejar lugar a las largas noches,
y no necesitábamos nada que no fuera nuestro.
¿Cuándo cambió todo y se transformó en esta mañana fría,
cuándo sucedió y qué hacía yo que no me di cuenta?
©Rosg.